lunes, 30 de abril de 2007

El mejor video de mis estudiantes de la tarde

domingo, 22 de abril de 2007

Documento para la prueba final



MICHEL FOUCAULT: DE LENGUAJE Y LITERATURA

Escribir, en nuestros días, se ha acercado infinitamente a su fuente. Es decir, a ese rumor inquietante que, en el fondo del lenguaje, anuncia, cuando uno acerca un poco el oído, contra qué se resguarda uno y al mismo tiempo a qué se dirige. Como la bestia de Kafka, el lenguaje escucha ahora en el fondo de su madriguera este rumor inevitable y creciente.

M. Foucault, El lenguaje al infinito

Michel Foucault no fue un crítico literario. Tampoco pretendió serlo. Esto no es un reproche, sino una confirmación de que nuestro siglo es el “siglo del lenguaje”. Las derivas del pensamiento eligen su objeto en cada momento de la historia y este siglo ha elegido el lenguaje. Ha habido siglos teológicos, siglos naturalistas. Hoy es el lenguaje el centro del pensamiento. Reflexionar sobre el lenguaje es hacerlo sobre el mundo dicho, sobre la cultura, sobre la comunicación, sobre los otros, sobre el hombre mismo. Refiriéndose a la obra del crítico J.-P. Richard, señala Foucault:

(...) lo que debe ser el objeto propio de cualquier discurso crítico: no la relación de un hombre con el mundo, ni la del adulto con sus fantasmas o su infancia, ni la de un literato con la lengua, sino la de un sujeto hablante con este ser singular, difícil, complejo, profundamente ambiguo (ya que designa y da su ser a todos los demás, incluido a sí mismo) y que se llama lenguaje (p. 211)

Y con el lenguaje, la literatura. De lenguaje y literatura es una selección de textos foucaultianos sobre temas literarios. Los textos están escritos entre los años 1962 y 1966. Las dos conferencias inéditas que componen la primera parte de la obra fueron impartidas en 1964. El resto de los escritos han aparecido en el primer volumen de la recopilación Dits et recits.

Quizá se más correcto decir que la literatura le sirve a Foucault para desgranar los mecanismos del lenguaje mismo. La literatura se hace literatura cuando el lenguaje se percibe como lenguaje. El preguntarse «¿qué es la literatura?», nos dice Foucault en “Lenguaje y literatura” -la conferencia inédita que abre esta selección-, es muy reciente, una pregunta contemporánea.

No estoy seguro de que la propia literatura sea tan antigua como habitualmente se dice. Sin duda hace milenios que existe eso que retrospectivamente tenemos el hábito de llamar «literatura». Creo que es precisamente esto lo que habría que preguntar. No es tan seguro que Dante o Cervantes o Eurípides sean literatura. Pertenecen desde luego a la literatura; eso quiere decir que forman parte en este momento de nuestra literatura actual, y forman parte de la literatura gracias a cierta relación que sólo nos concierne de hecho a nosotros. Forman parte de nuestra literatura, no de la suya, por la magnífica razón de que la literatura griega no existe, como tampoco la literatura latina. Dicho de otro modo, si la relación de la obra de Eurípides con nuestro lenguaje es efectivamente literatura, la relación de esa misma obra con el lenguaje griego no era ciertamente litteratura (pp. 63-64)

Foucault separa tres elementos: lenguaje, obras y literatura. El primero de ellos, el lenguaje, «es a la vez todo el hecho de las hablas acumuladas en la historia y además el sistema mismo de la lengua»; las obras son «esa configuración del lenguaje que se detiene sobre sí»; y, por último, la literatura, «el vértice de un triángulo por el que pasa la relación del lenguaje con la obra y de la obra con el lenguaje» (p. 64). La “literatura” no son las “obras”; “literatura” es un concepto nacido de una relación especial con el lenguaje, para Foucault, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. La “literatura” se constituye, a la vez, como un movimiento de afirmación y negación:

Cada acto literario nuevo, sea el de Baudelaire, de Mallarmé, de los surrealistas, poco importa, creo que por lo menos implica cuatro negaciones: en primer lugar, rechazar la literatura de los demás; en segundo lugar, rehusar a los demás el derecho a hacer literatura, discutir que las obras de los demás sean literatura; en tercer lugar, rechazarse a sí mismo, discutirse a sí mismo el derecho a hacer literatura; y finalmente, rehusar hacer o decir en el uso del lenguaje literario algo distinto del asesinato literario sistemático, realizado, de la literatura (p. 68)

Foucault capta bien el cambio de orientación, el giro que se da entre los autores y su creación en el lenguaje, desde finales del dieciocho, pero quizá está más influido por el momento histórico-literario de su escritura. Enfatiza más la línea que procede de Mallarmé que la que podemos significar en Zola. Se puede reflexionar sobre la realidad o sobre el lenguaje que la describe o incluso la crea, como se planteaba el joven Stephen Dedalus, de J. Joyce. Quizá Foucault está demasiado metido en un momento literario, los cincuenta y los sesenta, de especial intensidad reflexiva sobre el lenguaje y el estatus de la ficción. En cualquier caso, los escritos no pueden escapar al momento en que fueron escritos. La sombra de los Klossowski, Sollers, Robbe-Grillet, Blanchot, etc. está presente en estos escritos y constituyen su música de fondo y, en ocasiones, el tema principal.

Si algo se aprende de la lectura de Foucault es el valor del continuo preguntarse, el desgranar sendas laberínticas para llegar al final a una negación que cierra una posible salida falsa. Cerrar puertas falsas es, casi siempre, un esfuerzo necesario.


Un libro no es importante por las cosas que remueva, sino cuando el lenguaje, a su alrededor, se desarregla, habilitando un vacío que se convierte en su lugar de residencia

Michel Foucault, El Mallarmé de J.-P. Richard
Joaquín Mª Aguirre

El boom de literatura hispanoamericana
Por: Sergio Morataya

Boom. Esa palabra que nos suena a estallido, a explosión repentina, sirvió para calificar la aparición, durante la década de los sesenta del siglo pasado, de un conjunto apreciable de obras narrativas que colocaron la producción literaria hispanoamericana en la vanguardia de la literatura mundial. Tal estallido no se debió a una generación espontánea repentina, sino a un proceso durante el cual sus principales exponentes se nutrieron con lo mejor de las vanguardias literarias del siglo XX, vivieron y sufrieron la redacción de sus obras, y ya se contaba con exponentes de una generación anterior que habían logrado difusión a nivel continental e incluso mundial.

En esta ocasión los invito a que me acompañen por un recorrido en ese movimiento literario surgido en una década considerada prodigiosa por algunos, los sesenta, con su música, sus movimientos juveniles de protesta y sus manifestaciones artísticas.

Sabemos que a principios del siglo XX, Latinoamérica fue el reino absoluto de los poetas. El modernismo, encabezado por Rubén Darío, había significado una renovación profunda en la literatura escrita en castellano; el peruano César Vallejo dinamitaba las estructuras poéticas con sus versos humanos y descarnados; el chileno Pablo Neruda, cuyos versos aún se emplean para enamorar muchachas, tenía la capacidad del rey Midas para convertir en poesía todo cuanto tocaba.

Los novelistas, en cambio, eran una especie de deidades menores, cuyas obras eran escritas en un lenguaje muy local y su circulación era aún más restringida: puede que usted fuera el mejor novelista de Guatemala pero su obra no llegaba a México, Chile, Argentina. No existía esa conciencia de universalidad, de amplios alcances, que ha caracterizado a las mejores obras. El panorama era acaso desesperanzador, pero un puñado de novelistas, entre ellos el cubano Alejo Carpentier, el uruguayo Juan Carlos Onetti y el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, emergieron a finales de los años cuarenta con una obra que poco a poco fue demostrando, aunque fuera a un público minoritario, que en América Latina se escribían novelas de calidad y resonancia universales. El boom, el estallido, vendría en los años sesenta, y puede afirmarse que su principal aporte consistió en descubrir, ante un público más amplio y contando con el apoyo de la industria editorial española, la riqueza de las obras producidas en nuestro continente.

En 1962, un joven escritor peruano recibe una noticia que le da un vuelco a su vida. Meses antes había enviado el voluminoso manuscrito de su primera novela, titulada La ciudad y los perros, un recuento de sus experiencias juveniles en el colegio militar más prestigioso de Lima, al concurso promovido por la editorial española más importante de aquel entonces, la Seix Barral. Y he aquí que ese joven escritor, que por aquel entonces contaba con solamente 26 años de edad, es declarado ganador por unanimidad del concurso. La novela gustó tanto a uno de los jurados que llegó a incurrir en la exageración de afirmar que era la mejor obra en lengua española escrita en los últimos treinta años. Tal acontecimiento proyectó el nombre de Mario Vargas Llosa al mundo de las letras y para muchos lectores españoles significó el descubrimiento de otros ámbitos, otros paisajes. Claro, lo mejor estaba por venir.

Ese mismo año, en la ciudad de México, aparecían dos novelas de Carlos Fuentes, el escritor que había cobrado conciencia de la riqueza literaria dispersa a lo largo de nuestro continente y quien con más entusiasmo se había dedicado a la tarea de difundirla en congresos, en sus viajes, entre sus amistades. Con una amplia cultura literaria y una sabia aplicación de las modernas técnicas narrativas –uso del monólogo interior, el empleo de varios puntos de vista simultáneos para describir un mismo hecho–, hacía gala de un audaz procedimiento narrativo en La muerte de Artemio Cruz, su obra más lograda. Entre sus amistades figuraba un periodista colombiano, que sobrevivía gracias a sus trabajos ocasionales como guionista de cine, contaba ya con tres novelas y una notable colección de cuentos entre su producción –pero también solamente apreciada por una leve minoría– y llevaba años trabajando y retrabajando la novela que se convertiría en la máxima exponente del boom. Habrán quizá adivinado que me refiero a Gabriel García Márquez y Cien años de soledad

Por último, llegando a 1963, en Buenos Aires aparecía la primera edición de una anti-novela escrita por un argentino que hasta entonces era apreciado como cuentista. Julio Cortázar había logrado en Rayuela convocar una amplia gama de corrientes y que gran parte de la literatura escrita en español ya no fuera la misma desde su aparición. Usted podía prescindir del orden tradicional de lectura y empezar el libro por cualquier capítulo, saltando de aquí para allá, como el juego infantil que alude el título. Podía encontrar la narración sencilla de un hecho o bien un erudito ensayo que planteaba nuevos medios para la creación literaria. Es el libro de más difícil lectura para la gente común, la tarea es ardua, pero ofrece ejemplos de una narrativa juguetona, que no se toma para nada en serio.

¿Qué vínculos en común unían a estos escritores? Por un lado su dedicación. Por el otro sus lecturas: asimilaron e hicieron suyas las técnicas de los novelistas norteamericanos como William Faulkner, Ernest Hemingway, John Dos Passos; franceses como Gustavo Flaubert; ingleses como Virginia Woolf. Un entusiasmo, común a toda su generación, por la Revolución cubana, ese famoso compromiso intelectual que se le exigía al artista al calor de las luchas políticas de los años sesenta. Una conciencia, además, de que no escribían para su vecino sino más bien para los más de 300 millones de hispanohablantes de aquel entonces, y cierto vínculo de hermandad, de afinidad, pues cada quien, en su respectiva parcela, libraba la misma batalla.

La característica de las obras del boom que deseo señalar es que en las principales –Rayuela, La ciudad y los perros, La muerte de Artemio Cruz, y principalmente en La casa verde, la obra que confirmó la maestría de Mario Vargas Llosa– es el uso de procedimientos experimentales que abrían nuevos caminos a la narración. Usted estaba acostumbrado a leer un libro en línea recta, del principio al final, y a los clásicos principios de planteamiento, nudo y desenlace. Pero si usted tomaba La casa verde, por ejemplo, descubría que a la descripción de un hecho que transcurre en la selva amazónica peruana sucedía otro perteneciente al pasado que ocurre en una ciudad de la sierra peruana (nótese el cambio de ambiente) y a este otro más que también ocurre en el pasado y nos trae de vuelta a la selva peruana. ¿Confuso, no? Como dato curioso, la obra que resume los logros y miserias del boom no participaba de estas característcas.

Cien años de soledad, la obra definitiva de Gabriel García Márquez, fue todo un acontecimiento. Apareció en 1967, un año clave: por un lado los Beatles le daban carta de ciudadanía al rock con su álbum Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band; era el surgimiento de los hippies, los niños de las flores, y la consolidación del movimiento pacifista opuesto a la intervención norteamericana en la guerra de Vietnam; por el otro, en la selva boliviana, era asesinado el Che Guevara, que desde entonces pasó a encarnar la figura ideal del revolucionario consecuente; en Guatemala era asesinado en la base miliar de Zacapa el poeta Otto René Castillo, y en Suecia le era concedido el premio Nobel a Miguel Ángel Asturias. Y se publica este libro que reunía en sus páginas toda la magnificencia y riqueza de la geografía y tipos humanos que existen y habitan en un área que en principio puede ser identificado con la costa caribeña colombiana pero que pueden adaptarse a las de cualquier lugar y condición. No echaba mano de complicados malabares literarios, era la narración más lineal que pudiera imaginarse, pero no por eso menos compleja, menos amplia, menos colorida. En sus páginas convocaba toda una serie de personajes que a primera vista podían considerarse producto de la más pura fantasía, pero eran presentados de una forma tan creíble que uno imaginaba a los gitanos conduciendo niños en sus alfombras voladoras por unos pocos centavos, un armenio que desaparecía tras beber un líquido para hacerse invisible, gente que vivía más de doscientos años y personas con una capacidad amatoria fenomenal. La vasta imaginación de García Márquez inauguró una etiqueta, la del realismo mágico, que para bien o para mal definió a gran parte de la narrativa escrita en nuestro continente, en otro sentido a la influencia ejercida por Rayuela. El libro alcanzó un volumen de ventas nunca antes visto y conocido por autor latinoamericano alguno y se convirtió en una pesada carga para su autor: en adelante le sería muy difícil escribir novelas con el mismo alcance y vigor, sin que esto quiera decir que en sus obras posteriores no haya nada bueno.

En conclusión, ya se habían escrito novelas que revelaban la madurez de nuestra narrativa en los años cuarenta y cincuenta. Pero no alcanzaron el nivel de difusión obtenidas por las obras del boom. Cierto, hubo mucho de publicidad, pero también fue una afortunada coincidencia de un puñado de obras que colocaron a la literatura hispanoamericana como referencia indispensable de la literatura mundial. Dejamos de ser el patio trasero, al menos en ese sentido: en adelante debían contar con nosotros.

Las nuevas tendencias literarias

El éxito del boom terminó por generar un patrón de mercado alrededor del cual debían girar los escritores si deseaban tener éxito y lectores por montones: novelas voluminosas, tramas complicadas, lenguaje enredado, afán de meter TODO dentro del mismo saco y reproducciones de los gitanos voladores y sagas familiares de García Márquez.

Los escritores de promociones más recientes, sin embargo, se alzaron contra dicha corriente. Optaron una vuelta al principio: aligerar la trama, contar historias con un lenguaje más sencillo, frente a la militancia política de los autores canónicos del boom se desentendieron de toda referencia a las causas sociales y liberación de los pueblos (aunque sin dejar de mantener cierta postura crítica ante la sociedad), y dirigieron su mirada al individuo, al pequeño hombre que mora en una habitación, escribiendo una literatura más introspectiva que a veces peca de cierta superficialidad. Todas las señas de la modernidad hacen su aparición: los nuevos autores, aparte de libros, crecieron rodeados de discos long play, revistas Playboy y Hustler, restaurantes McDonald’s, Nintendos, los dibujos animados de la Warner Bros. y los videos de MTV. Incluso se percibe el retorno a la aldea: Carlos Fuentes promovía la unidad hispanoamericana difundiendo las novelas de los escritores con los que trababa amistad en sus viajes; hoy los autores escriben sus textos echando mano con profusión de los regionalismos propios de cada país sin preocuparse siquiera de colocar un vocabulario al final para facilitar la comprensión de sus textos. El libro manifiesto de la actual tendencia narrativa es una antología de cuentos preparada por los novelistas chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez, titulada significativamente McOndo, aparecido en 1996. Incluye entre sus autores a los argentinos Rodrigo Fresán y Juan Forn, y al conocido presentador de televisión peruano y también novelista Jaime Bayly. Con todo, el llamado “grupo del crack” (a no confundirlo con la droga de igual nombre), compuesto por varios de los nuevos novelistas mexicanos, puede verse como una apuesta por la novela totalizadora; su representante más conocido, ganador de la reedición del premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, es Jorge Volpi.

La literatura escrita por mujeres ha logrado abrirse paso entre los prejuicios tradicionales y posesionarse de un amplio sector del mercado. Aceptadas o no por la crítica, la obra de las chilenas Isabel Allende, Marcela Serrano y Diamela Eltit, la nicaragüense Gioconda Belli (también reconocida como poeta), las mexicanas Ángeles Mastreta, Carmen Boullosa y Elena Poniatowska, han obtenido resonancia fuera de sus fronteras. A ellas deberá sumarse, en un futuro próximo, la salvadoreña Jacinta Escudos, creadora de una literatura que derriba las barreras impuestas por el criterio sexista.

A propósito de minorías, tampoco puede dejarse de lado la literatura surgida de la condición homosexual o lesbiana. Que algo quede bien claro: la militancia política o la orientación sexual no son indicadores de que la obra creada a partir de tales experiencias sea de calidad. Es de señalar, sin embargo, que libre de los prejuicios convencionales, la literatura homosexual hispanoamericana ha creado obras desenfadadas y de amplio alcance. Los ejemplos a citar en este caso son el cubano Reinaldo Arenas (recomiendo leer su autobiografía, Antes que anochezca, para que sepan lo que es deshilacharse sin pudor ni remordimiento alguno) y el chileno Pedro Lembel, cabeza de un grupo artístico llamado Las yeguas del Apocalipsis, que más de un dolor de cabeza causó a la censura del régimen de Pinochet.

¿Y la poesía y el cuento? Han terminado por convertirse en las cenicientas del mercado, si bien el cuento, por su condición narrativa, ha corrido con mejor fortuna. Corriendo el riesgo de generalizar, podría señalarse una preferencia por una poesía breve, casi narrativa, que da cuenta del estado emocional del autor en la mayoría de casos. Casi no hay imprecaciones, ni proyectos de aliento épico, ni una intención orientadora de la conciencia de la gente como en el pasado. Acaso, a medida que avance la deshumanización del hombre, surja una mayor necesidad de poesía. El cuento, en cambio, es un género que pese al desprecio editorial goza de buena salud y sigue dando muestras envidiables como en el caso del nicaragüense Sergio Ramírez.

A medida que fallecen los grandes autores el país de origen desaparece del mapa literario y regresa la desconexión con el medio. Las propias editoriales participan del daño: los libros de autores del Cono Sur circulan solamente entre los cuatro países que lo componen; los autores cubanos tienen la mira puesta en las editoriales españolas, que dan cabida por igual a defensores y detractores de la revolución; parece que finalmente los autores centroamericanos tendrán cabida en las multinacionales y superarán el tradicional desconocimiento entre los autores del istmo. Los lazos tienden a desaparecer, sin embargo, y el lector interesado en el quehacer literario hispanoamericano debe arreglárselas como puede (por amistades, por el correo) para seguir al tanto de la producción en las veinte naciones que de San Juan a Ushuaia comparten el español como lengua común.

La interrogante que queda es: ¿volverá a existir una conciencia de unidad como en los tiempos del boom?

Fragmentos narrativos

Carlos Fuentes
La muerte de Artemio Cruz (1962)

perseves y calamares, pulpos y ceviches, pienso en la cerveza, amarga como el mar, la cerveza, pienso en el venado yucateco, en que no soy viejo, no, aunque un día lo fui, frente a un espejo, y los quesos podridos, cómo me gustan, pienso, quiero, cómo me alivia esto, cómo me aburre escuchar mi propia voz exacta, insinuante, autoritaria, desempeñando ese mismo papel, siempre, qué tedio, cuando podría estar comiendo comiendo: como, duermo, fornico y lo demás ¿qué? ¿qué? ¿qué?, ¿quién quiere comer dormir fornicar con mi dinero? tú Padilla y tú Catalina y tú Teresa y tú Gerardo y tú Paquito Padilla, ¿así te llamas?, que te has de estar comiendo los labios de mi nieta en la penumbra de mi sala o de esta sala, tú que eres joven todavía, porque yo no vivo aquí, ustedes son jóvenes, yo sé vivir bien, por eso no vivo aquí, yo soy viejo, ¿eh?, un viejo lleno de manías, que tiene derecho a tenerlas porque se chingó, ¿ven?, se chingó chingando a los demás, escogió a tiempo, como aquella noche, ah, ya la recordé, aquella noche, aquella palabra, aquella mujer: que me den de comer: por qué no me dan de comer: lárguense: ay dolor: lárguense: chinguen a su madre:

Julio Cortázar
Rayuela (1963)

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esporemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Gabriel García Márquez
Cien años de soledad (1967)

Llevando un niño de cada mano para no perderlos en el tumulto, tropezando con saltimbanquis de dientes acorazados de oro y malabaristas de seis brazos, sofocado por el confuso aliento de estiércol y sándalo que exhalaba la muchedumbre, José Arcadio Buendía andaba como un loco buscando a Melquíades por todas partes, para que le revelara los infinitos secretos de aquella pesadilla fabulosa. Se dirigió a varios gitanos que no entendieron su lengua. Por último, llegó al lugar donde Melquíades solía plantar su tienda, y encontó un armenio taciturno que anunciaba en castellano un jarabe para hacerse invisible. Se había tomado de un golpe una copa de la sustancia ambarina, cuando José Arcadio Buendía se abrió paso a empujones entre el grupo absorto que presenciaba el espectáculo, y alcanzó a hacer la pregunta. El gitano lo envolvió en el clima atónito de su mirada, antes de convertirse en un charco de alquitrán pestilente y humeante sobre el cual quedó flotando la resonancia de su respuesta: «Melquíades murió». Aturdido por la noticia, José Arcadio Buendía permaneció inmóvil, tratando de sobreponerse a la aflicción, hasta que el grupo se dispersó reclamado por otros artificios y el charco del armenio taciturno se evaporó por completo. Más tarde, otros gitanos le confirmaron que en efecto Melquíades había sucumbido a las fiebres en los médanos de Singapur, y su cuerpo había sido arrojado en el lugar más profundo del mar de Java.

A los niños no les interesó la noticia. Estaban obstinados en que su padre los llevara a conocer la portentosa novedad de los sabios de Memphis, anunciada a la entrada de una tienda que, según decían, perteneció al rey Salomón. Tanto insistieron, que José Arcadio Buendía pagó los treinta reales y los condujo al centro de la carpa, donde había un gigante de torso peludo y cabeza rapada, con un anillo de cobre en la nariz y una pesada cadena de hierro en el tobillo, custodiando un cofre de pirata. Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:
–Es el diamante más grande del mundo.
–No –corrigió el gigante–. Es hielo.

Mario Vargas Llosa
Los cachorros (1967)

Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del “Terrazas”, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Champagnat.

Hermano Leoncio, ¿cierto que viene uno nuevo?, ¿para el “Tercero A”, Hermano? Sí, el Hermano Leoncio apartaba de un manotón el moño que le cubría la cara, ahora a callar.

Apareció una mañana, a la hora de la formación, de la mano de su papá, y el Hermano Leoncio lo puso a la cabeza de la fila porque era más chiquito todavía que Rojas, y en la clase el Hermano Leoncio lo sentó atrás, con nosotros, en esa carpeta vacía, jovencito. ¿Cómo se llamaba? Cuéllar, ¿y tú? Choto, ¿y tú? Chingolo, ¿y tú? Mañuco, ¿y tú? Lalo. ¿Miraflorino? Sí, desde el mes pasado, antes vivía en San Antonio y ahora en Mariscal Castilla, cerca del Cine Colina.

Era chanconcito (pero no sobón): la primera semana salió quinto y la siguiente tercero y después siempre primero hasta el accidente, ahí comenzó a flojear y sacarse malas notas. Los catorce Incas, Cuéllar, decía el Hermano Leoncio, y él se los recitaba sin respirar, los Mandamientos, las tres estrofas del Himno Marista, la poesía Mi bandera de López Albújar; sin respirar. Qué trome, Cuéllar, le decía Lalo y el Hermano muy buena memoria, jovencito, y a nosotros ¡aprendan bellacos!

Bibliografía
CORTÁZAR, Julio, Rayuela, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1977.

DONOSO, José, Historia personal del “boom”, Editorial Anagrama, Barcelona, 1972.

FUENTES, Carlos, La muerte de Artemio Cruz, Fondo de Cultura Económica, México, 1973.

GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel, Cien años de soledad, edición pirata, sin fecha.

VARGAS LLOSA, Mario, Los jefes. Los cachorros, edición pirata, sin fecha

domingo, 1 de abril de 2007

Comprobacion de lectura Veinte Poemas de Amor



Las cuatro preguntas que deben subir a su blog son las siguientes:

1. Cual es el conflicto en el poema 15

2. Describa las secuencias del poema 5

3. Describa los tiempos y espacios del poema 10

4. Que es lo denotado y connotado del poema 20

Deben responder a estas preguntas en su blog, no olividar que deben hacer un afiche con un poema o versos de cualquier poema de este libro. Las instrucciones para hacer el afiche estan el posteo anterior si tienen alguna duda escribir a litetierra@yahoo.com. Se portan bien para la semana santa.

lunes, 26 de marzo de 2007

La tarea de veinte poemas de amor y una cancion desesperada


Si ustedes observan su programa hay una tarea de comprobacion de lectura respecto a este libro y la creacion de un afiche publicitario. ¿Que hacer con la comprobacion de lectura?. Pueden comprar el libro en donde ustedes deseen, si no tienen dinero para comprarlo pueden bajarlo de la pagina www.elaleph.com, lo deben de leer para el sabado. Es muy bonito, estoy seguro que les gustara. El sabado en la mañana yo subo la comprobacion a este blog y ustedes tienen todo el sabado y el domingo para contestar la tarea. Luego tienen toda las semana siguiente para hacer una afiche usando uno o dos versos del libro, o un poema completo. Deben identificar el poema y el autor y desarrollar todo el arte, es decir que si ponen una imagen ustedes la deben generar, si usan una foto tomarla, no se vale usar la imagen de Neruda. Si pueden usar su nombre, apellido, firma u otro elemento. Deben subirlo al blog donde yo lo voy a calificar para el lunes 9 de abril. Hay recuerdan de hacerlo en formato jpg y sube mas rapido si esta de tamaño 500 para abajo. Mandan una copia a mi correo del arte, esta no vale para efectos de calificacion, la que vale es la de su cuaderno de notas.

lunes, 19 de marzo de 2007

El Cinema que pocos comprenden

sábado, 10 de marzo de 2007

Analisis semiotico de los textos


La prodigiosa tarde de Baltazar

El lunes vamos a ver en clase la pelicula Cinema Paradiso, lo que ustedes tienen que hacer es disfrutar la pelicula y luego hacer una analisis parecido a este. Subirlo a su blog para el proximo domingo 18 de marzo. Con todas sus partes, este analisis tambien se puede aplicar a los anuncios publicitarios, vallas, radio, poemas, canciones, caricaturas, en fin es una estructura de comprension del mensaje.

1. Argumento: Para analizar los textos desde el metodo semiotico que propone J. Greimas el argumento es una sintesis de la historia de 6 a 10 lineas son suficientes.

Una tarde se levanto Baltazar luego de trabajar durante dias en una jaula que le habia encargado Pepe Montiel el hijo de Jose Montiel, fue un alboroto en el pueblo por la belleza de la jaula el medico del pueblo trato de comprarla pero fue en vano. Su esposa Ursula le recomendo vender la jaula en sesenta pesos. Baltazar se alisto la fue a dejar a la casa del rico del pueblo este la rechazo, sin embargo el sela dejo a Pepe regalada. El pueblo entero penso que Jose Montiel la habia comprado en sesenta pesos y todo el mundo lo celebro incluso Baltazar que tuvo que pagar unas rondas de cerveza y dejar empeñado el reloj.

Es de hacer notar que cuando se explica el argumento no se debe emitir opinion sobre este, en especial de tipo moral.

2. Conflicto: El conflicto se puede explicar como el motor que hace girar la historia. El leiv motiv que da sentido a todo el argumento.

En esta historia la lucha pobres contra ricos es el conflicto. El motor que hace girar la historia.

3. Secuencias: Cuando el principio de una historia es euforico, el proceso es de degradacion y la secuencia final es de disforia. Es decir que existe un estado de union y bienestar al principio, luego empeora hasta una secuencia final que es un estado de desunion. Cuando el principio es disforico, hay un proceso de mejora para terminar euforico. En el caso del cuento de Baltazar, el conflicto es lucha de ricos contra pobres, y esta se resuelve a favor de los pobres y Baltazar representa los pobres y Luis Montiel a los ricos. La secuencia seria la siguiente: DISFORIA-MEJORA-EUFORIA. Los pobres estan en desventaja con los ricos, un pobre hace una jaula para un rico, en el momento que Montiel no quiere pagar la jaula la historia mejora para los pobres y la lucha se resuelve a favor de estos, la situacion final es euforica y de triunfo total para los pobres cuando Baltazar le regala la jaula a Pepe el hijo de un rico.

4. Oposiciones: Durante todas las historias se libran pequenas guerras. Baltazar-Jose Montiel, ricos-pobres, Baltazar-Medico, belleza-fealdad, Baltazar-Ursula, sobrios-ebrios, avaricia-generosidad, bien-mal, etc.

5. Tiempos: El tiempo es indefinido, hay intemporalidad, no podemos determinar en este cuento con certeza en que tiempo se desarrolla la historia.

6. Espacios: Pueblo area rural, casas de adobe.

7. Denotado y Connotado: Lo que la historia plantea en su plano superficial (denotado) es que se libra una lucha entre ricos y pobres por una jaula. En el plano profundo (connotado) se plantea una lucha entre la belleza y la fealdad del ser humano, entre su avaricia y generocidad. Es una lucha que gana el bien sobre el mal.

8. Propuesta ideologica: Un mundo con clases sociales, en donde la disputa antagonica entre ricos y pobres toma toda la historia.

Espero que lleguen temprano y disfruten de la pelicula, pueden llevar poporopos y aguas.

domingo, 25 de febrero de 2007

Lo que significa el Blog para mi


La primera vez que abrí un blog hace meses en spaces, lo abrí no por obligación porque me dieran puntos. Lo abrí porque estaba leyendo un libro de Comunicación Política de Roberto Izurieta que hablaba de e-política. Y recorde un poco cuando busque mi primer empleo y no me lo dieron, la razon no tenia experiencia. La nueva tendencia en comunicación afirma que el futuro es Internet, entonces si estoy viejito y en el mercado lo que me presiono, es no quedarme atras, porque los jovenes segun yo vienen empujando duro. Que haran los comunicadores jovenes que nos les gusta Internet, cuando los viejitos estamos en posicion de echarle ganas. Seguro tendran el titulo de publicistas, pero competir con los buenos son cien quetzales de mas. Eso significa para mi el blogla exigencia porque ustedes comprendan la importancia de tener un blog profesional es "Dejarlos un paso adelante"... si lo voy a lograr, a ciencia cierta no lo se, porque las resistencia de ustedes son muchas, economicas, personales, emocionales, psicologicas y de otras razones mas.

Pero en esta pagina sin mencionar una sola direccion, estoy de acuerdo con Engelbert a donde va ir a parar esta Escuela si a los maestros no les gusta estar al dia, no les gusta la tecnologia... pero los alumnos no se quedan atras, para muestra un boton esta clase virtual, es una especie de reclamo hacia su apatia y conformismo de un sistema que nos esta condenando a la mediocridad. ¿Como van exigir a sus maestros que este actualizados si ustedes no lo pueden estar tampoco?

Lean con atención

1. Un Blog bonito y con concepto
2. Cinco blogs con concepto (Vean todos y hagan su votacion)
3. Veintiocho blogs realmente ridiculos (Hagan una nueva eleccion)
4. El resto salvable (pero sin posibilidades en el mercado)

Sera que yo soy muy duro, muy exigente, quizas creen que tengo mucho tiempo, o que yo creo que ustedes tienen mucho dinero para ir a un cafe Internet, o quizas un poco intransigente. Pero no es nada de eso, solo quiero que comprendan que el titulo y el exito son dos cosas distintas. Yo soy de los estudiantes de la U, que vino a la Escuela bajo las balas y con mucho miedo de morirme, una balacera al salir de la Petapa (La Escuela en ese entonces estaba en EFPEM)... a un compañero le dispararon en el aula, nos sacaron a escuchar proclamas, convivimos con orejas, el servicio de bus era peor y no tenia dinero porque trabajaba en un colegio y tenia que dar dinero en la casa, pero siempre pense que para disfrutar de lo que ahora disfruto no habian recatos, ni sacrificios solo mucha ambicion y deseos de tener lo que ahora tengo.

Y que tengo por lo menos la fama de duro, polemico, batallador, fuerte, doy miedo, el puesto que quiero que es dar clases de literatura y otras cosas mas. No crean que me dan placer las estupideces que hablan sobre mi, o que tenga que sentirme orgulloso que digan que soy estoy o aquello. Me da orgullo sobre todo que no soy uno mas, que mi nombre llega un poquito antes que yo, y todo lo que dicen de mi viene de una cosa simple, que siempre he estado un paso adelante de mis detractores, ineptos que me dieron clases e ineptos que recibieron clases conmigo y por el titulo y dar el cuerpo estan en la Escuela de docentes, y que lo unico que pueden enseñar es que los comunicadores no sirven para nada. Sera casualidad o que le tienen miedo a los estudiantes, a los buenos, a los que los pueden desplazar, a los que tienen mas que ellos. Por eso es que no enseñan a pescar, sino mejor les dan pescadito, asi que ustedes deciden si solo abren la boca o aprenden.

Mientras tanto no me busquen para darme excusas simples tambien por eso pedi un periodo libre para que buscaran un cafe Internet, en cualquiera de los dos edificios de la Escuela, a mano y bajo costo. Podran ser publicistas, de los buenos de los que ganan mucho dinero o este mundo sera siempre de los viejos que ya estan en eso. La vida es blanca o negra. Nunca hay grises al menos para mi, o se hacen las cosas bien o mal. Si no miren la foto que adorna este posteo, que les parece, esta bien o mal. Ustedes deciden.

Sergio Morataya

Sergio Morataya
Todo pasa por la palabras. Jacques Derrida